Quisimos tomar una mesa pero nos levantamos en cuanto nos dijo un mesero que sólo por sentarnos nos cobraría 4 euros, así que nos regresamos a la barra y nos dispusimos a comer nuestros bocadillos paradas, hasta que dos españoles nos cedieron sus bancos.
Terminamos nuestros bocadillos y para no llegar tan tarde a casa, tomamos el metro y llegamos un par de minutos después de que la red de buses de Arganda del Rey terminara sus rutas, así que tuvimos que caminar por pendientes empinadas y, lo que al llegar me parecía hermoso, después de un rato fue terrible porque es lindo ver una ciudad con todas sus casas iguales, mismos tonos, se ve lindo y uniforme el entorno pero sin conocer puede convertirse en un verdadero infierno encontrar una casa, sobre todo sin dirección.


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