El miércoles 4 de marzo despertamos en el Renfe en Barcelona. Bajamos y la ciudad nos recibió con un frío impresionante. Yo pensé que iba a ser la ciudad con el mejor clima de todas pero en ese momento era el peor. Llegamos a la estación de Francia y de ahí Moel le llamó al chavo que nos iba a dar hospedaje y a la mera hora le canceló así que tuvimos que conseguir hotel. Llegamos a un hostal solitario y pagamos 15 euros por noche, lo cual estaba perfecto tomando en cuenta que no pensábamos gastar ya en hospedaje.
Ese día salimos a conocer con un aire que sentías que te perforaba el rostro: helado y fortísimo pero aún así ya estábamos ahí y no podíamos darnos el lujo de perder un día. El primer recorrido fueron Las Ramblas, Casa Batlló, la Pedrera, la Sagrada Familia y el Park Güell y por la noche fuimos a La Champañería y a La Oveja Negra.
Al día siguiente (jueves 5 de marzo) nos levantamos un poco más tarde que de costumbre y fuimos
a conocer la Plaza España, la Villa Olímpica, el estadio, las fuentes mágicas y por la noche la parada obligada fue nuevamente La Champañería y luego El Bosque de las Hadas.
El 6 de marzo por fin cumplí mi deseo de pasar mi cumpleaños en un lugar diferente. Desperté en Barcelona y salimos a seguir recorriendo la ciudad. La acompañé de compras y por la noche fuimos a cenar al restaurant del Joe al pueblo de Mollet. Ahí conocí a Xavi y nos fuimos de fiesta a un bar en Las Ramblas donde se nos unió Jose y otros amigos y fuimos a un after party en el barrio del Raval para terminar la fiesta en la Plaza Real tomando cerveza Voll Damm.
El sábado por supuesto nos levantamos tarde, seguimos conociendo, ahora la parte de playa y por la noche vimos el partido de Barcelona vs Atlético de Madrid en la cervecería Colón en la Plaza Real porque el estadio costaba el más barato 80 euros.
El domingo que ya era nuestro último día en Barcelona desayunamos en el Absenta, cerca de la playa, conocimos a dos mimos que trabajan en Las Ramblas, uno de ellos nos invitó a una tocada en la paya con sus amigos y de ahí nos llevó a conocer el bar Mariatchi, propiedad de Manu Chao. Cenamos en una cervecería y más tarde nos hablaron Joe y Jose para invitarnos a unas crepas deliciosas en Maremagnum.
Esa noche la pasamos en el aeropuerto porque teníamos que estar a las 8 am para anotarnos en lista de espera en el único y último vuelo de Aeroméxico con destino al DF que era a las 11:50 am. Y finalmente lunes 9 de marzo el como a las 7 de la tarde, tuvimos el triste regreso a la realidad.


hey, chiquita, que buena reseña de tu viaje. la leí completa, desde que llegaste a la agencia hasta el triste regreso a la realidad.
ResponderEliminarregresar siempre es triste.
pero lo viajado ni quien te lo quite.
te quiero.
gracias bebé! es un placer que me leas... yo también te quiero.
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